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ENCUENTROS BIBLICOS para Comunidades Bíblicas Parroquiales |
Palabras clave: "recreación -miedo - envío - amor"
OBJETIVO: "Redescubrir que la fuerza recreadora del Espíritu Santo es el amor; para que, libres de temores, seamos la ternura de Dios en el mundo"
Preparar: Biblia - velita - Cruz.
ENTRADA
· Saludo a los participantes
· Canto:
· Invocar la luz y la fuerza del Espíritu Santo (VER ORACIÓN DE INICIO)
LECTURA
MIREMOS JUNTOS NUESTRA REALIDAD
Animador(a):
1. ¿Qué es el miedo? ¿A qué le tenemos miedo? ¿Por qué?
2. ¿Qué es el amor? ¿Qué o a quién amamos? ¿Por qué?
3. ¿Qué significa tener fuerza? ¿En qué nos sentimos fuertes? ¿En qué débiles?
ESCUCHEMOS JUNTOS LA PALABRA DE DIOS
Introducción: Hoy celebramos Pentecostés, el día del Espíritu Santo, que es la fuerza del amor de Dios. Jesús, como a los discípulos, también nos dice: ¡Reciban el Espíritu Santo! Abrimos nuestros corazones a la Palabra de Dios, cantando un himno de alabanza... Lector(a): Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23. Hacemos un rato de silencio, para que la Palabra de Dios pueda anidar en nuestros corazones...
MEDITACIÓN
Animador(a): Vamos a descubrir juntos lo que Dios nos quiere decir en este relato:
1. Los discípulos tenían las puertas cerradas del lugar donde estaban: ¿Por qué? ¿Qué es el temor? Recordemos la primera pregunta de "MIREMOS NUESTRA REALIDAD".
2. en el versículo 21 nos dice que los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Nosotros: ¿Tenemos esa alegría? ¿Se nota?
3. ¿A qué envió el Padre a Jesús? ¿A qué nos envía a nosotros?
4. ¿Quién es el Espíritu Santo? Charlamos entre todos.
5. ¿Qué es recibir el Espíritu Santo? ¿El suave viento del Espíritu Santo se nota en mí vida?
6. ¿Qué significa Perdonar? ¿Qué tiene que ver con el amor?
UN ESFUERCITO MÁS, en la comprensión de la Palabra:
Por temor a los judíos. Esta es la primera vez que Jesús resucitado se aparece a sus discípulos varones. Ellos están encerrados, por temor a los judíos, nos dice San Juan. La imagen es perfecta para identificarnos con cualquiera de los discípulos. Podemos ser Pedro, o Juan, o Santiago, cualquiera. Nosotros también nos encerramos en nuestros mutismos o malas reacciones cuando las cosas no nos salen bien. Nosotros también recurrimos al aislamiento para expresar que no podemos superar o solucionar la situación que estamos enfrentando. El temor es lo contrario al amor, el temor paraliza, el temor retrae, el temor aísla, el temor estanca y no deja crecer. El temor agranda los problemas y empequeñece las soluciones. Una persona temerosa nunca toma decisiones, nunca ve más allá de sus miedos. Una persona temerosa es incapaz de salir de ese frágil mundo de seguridades que se ha creado con la telaraña del temor. Vive en un mundo irreal, lleno de fantasmas y sombras, justamente porque no ha dejado entrar la luz del amor, la claridad de la ternura. Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes.
Jesús ha terminado su tarea en la tierra, nos pasa la posta a nosotros que somos el otro Cristo entre los hombres. El Padre le había enviado a traer la ternura de Dios a la humanidad. Jesús venciendo sus propios miedos y temores entrega su vida para que esta sea triturada como el trigo lo es en el molino. La molienda dará su fruto porque el pan de vida, producto final de la entrega, será el signo de que "Dios-con-nosotros" sigue partiéndose y entregándose como gesto del amor celestial. Los miedos de Jesús fueron vencidos, su propia inercia no pudo con él. Lejos de encerrarse en sí mismo, abre sus manos de par en par y crucificado se entrega a la muerte para engendrar vida.
Hoy nos pide lo mismo a nosotros. Olvidarnos de nuestras cerrazones, abrir nuestras manos en un gesto de amor universal, es el desafío que como discípulos tenemos que tomar. La decisión es nuestra, Dios nos invita, desde el envío, a asumir la tarea de amar hasta la muerte para que la ternura de Dios siga presente en la tierra. Sopló sobre ellos y añadió: reciban el Espíritu Santo. Comentando este versículo 23, Luis Alonso Schökel nos dice en su "Biblia del peregrino": El gesto de soplar recuerda la creación del hombre (Gn 2, 7; Sab 15, 11) y la resurrección de muertos (Ez 37). Es como la creación del hombre nuevo, dotado del aliento del Espíritu, en virtud de la resurrección de Jesús. Recibir el Espíritu Santo posibilita al hombre ser recreado. Es un volver a empezar. Ya sin temores, sin miedos, plenos de alegría como los discípulos en el versículo 20. Es la plenitud del amor, es vencer de manera definitiva la oscuridad y tiniebla del temor. Este renacimiento se expresa en las palabras de Jesús que invitan, en el versículo 23, al perdón. Gesto supremo, sin punto de comparación, para aquellos que aman. La expresión más radical del amor será el aniquilamiento propio para dar la vida a los demás (Jn 15, 13), sobre todo a los eventuales enemigos (Jn 15, 24-25), a quienes se perdona todo el daño hecho (Lc 23, 34).
ORACIÓN
Animador(a): Elevemos nuestras oraciones comunitarias al Padre (respondemos según la intención: Te pedimos, Señor o te damos gracias, Señor. También se pueden hacer oraciones de Alabanza). Decimos juntos las Palabras que Jesús nos enseñó: PADRE NUESTRO.
CONTEMPLACIÓN
Gesto: (Conviene que el animador explique de antemano todo el gesto completo, para que en medio de una fuerte oración, todos los miembros de la comunidad sepan qué hacer, o por lo menos no se desconcierten en el momento puntual del gesto) El animador invita a la comunidad a entrar a un clima más fuerte de oración, invocando la presencia del Espíritu Santo (puede hacerse al modo que lo hacen los grupos de oración de la Renovación Carismática. Conviene entonar algunos cantos dirigidos al Espíritu Santo) Una vez preparado el clima de oración se procede al gesto en sí: Cada uno de nosotros, haciendo una ronda, soplamos sobre la cabeza del hermano que está al lado, repitiendo el gesto y las palabras de Jesús a sus discípulos: "RECIBE EL ESPÍRITU SANTO". Cuando termina el último culminamos con un fuerte aplauso.
Finalizamos cantando:
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