Estatutos
Obras Misionales Pontificias
Sacra Congregatio pro gentium Evangelizatione seu de propaganda fide
El Santo Padre Juan Pablo II, en la audiencia concedida al infrascrito Eminentísimo Cardenal Angelo Rossi, Prefecto de la S.C. para la Evangelización de los Pueblos, el 26 de Junio de 1980, se dignó aprobar los nuevos Estatutos Generales de las Obras Misionales Pontificias, después que los mismos habían sido aprobados ya "ad expemientum" el 10 de abril de 1976 por su Predecesor Pablo VI.
Durante el período del "expemientum" fueron recogidas las observaciones llegadas de todas las partes del mundo, con el fin de que los Estatutos pudieran ser un instrumento válido de trabajo para los responsables de las Obras Misionales Pontificias, instituidas en más de noventa naciones.
Su Santidad el Papa Juan Pablo II desea que los Estatutos, aunque aprobados definitivamente, sean sometidos cada cinco años a una actualización, sin necesidad de ulterior aprobación pontificia.
Hay que subrayar la atención escrupulosa prestada a las observaciones que paulatinamente llegaron, de parte de la Comisión Ordinaria de los Eminentísimos Cardenales y de la Comisión Teológica de la Sagrada Comisión para la Evangelización de los Pueblos.
Los Estatutos han adquirido así un rostro bien definido bajo el aspecto pastoral, jurídico e histórico: constituyen un instrumento válido y completo para los Directores Nacionales y Diocesanos de las Obras Misionales Pontificias, capaces de favorecer el desarrollo de tales Obras en el mundo entero.
Con la presente promulgamos y publicamos los nuevos Estatutos de las Obras Misionales Pontificias, convencidos de que contribuirán a desarrollar en manera cada vez más fecunda la cooperación misionera en toda la Iglesia.
Roma, 26 de Junio de 1980
ESTATUTOS
Capítulo I
ROL DE LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS
Naturaleza e Importancia
1.- Creadas por iniciativa de las Iglesias de antigua cristiandad para apoyar la actividad de los misioneros en las regiones no cristianas, las Obras Misionales Pontificias se han convertido en una institución de la Iglesia universal y de cada Iglesia particular. Todas las Iglesias están llamadas a responder al mandato del Señor: "Id, pues, y sed los maestros de todas las naciones" (Mt 28,19). Siendo la Iglesia entera misionera, a cada Iglesia y a cada uno de sus miembros le incumbe el deber de la evangelización (LG 17; AG 28; 35-38; EN 59). Es pues necesaria la cooperación de todos para la evangelización del mundo.
2.- El Concilio Vaticano II estableció que las Obras Misionales Pontificias ocupasen el puesto central en la cooperación misionera: "porque estas Obras deben ocupar el primer lugar, ya que son los medios de infundir en los católicos desde la infancia el sentido verdaderamente universal y misionero, y de recoger eficazmente los subsidios para bien de todas las misiones, según las necesidades de cada una" (AG 38). Habiendo llegado a ser el instrumento oficial y principal de todas las Iglesias para la cooperación misionera, las Obras Misionales Pontificias han adquirido fundamental importancia.
3.- Las Obras Misionales Pontificias constituyen una única institución que comprende cuatro ramas distintas:
Tienen en común la finalidad primera y principal de promover el espíritu misionero universal en el seno del Pueblo de Dios. Las tres primeras Obras, persiguiendo esta finalidad, invitan al Pueblo de Dios a expresar su testimonio misionero mediante una cooperación espiritual y material a la obra de la evangelización. Crean un fondo central de solidaridad para sostener un programa de asistencia universal. La cuarta Obra tiene como finalidad inmediata la sensibilización y formación misionera de los sacerdotes, de los religiosos y de las religiosas que, a su vez, deben atender a la formación de los fieles; trata, además de promover las otras Obras Misionales Pontificias.
4.- Nacidas de particulares iniciativas carismáticas, las Obras Misionales Pontificias se han desarrollado con el apoyo de la Santa Sede que, seguidamente las hizo organizaciones pontificias para asegurarles mayor eficacia y un carácter universal. Fueron confiadas a la dirección de la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos, de la que dependen, convirtiéndose así en el organismo oficial de la cooperación misionera universal.
5.- Como institución, tanto de la Iglesia universal como de cada Iglesia particular, las Obras Misionales Pontificias tienen la finalidad de despertar y profundizar la conciencia misionera del Pueblo de Dios informando sobre la vida y necesidades de la misión universal, estimular a las Iglesias a rezar unas por otras, a ayudarse recíprocamente con el envío de personal y de medios materiales, suscitando así el espíritu de solidaridad en vista de la evangelización del mundo.
Las Obras Misionales Pontificias testimonian la catolicidad de la Iglesia promoviendo "vínculos de íntima comunión en lo que se refiere a las riquezas espirituales, a los obreros apostólicos y los recursos materiales" (LG 13). Las Obras Misionales Pontificias actúan por un lado como medio privilegiado de comunicación de las Iglesias particulares entre sí y, por otro lado, entre cada una de ellas y el Papa, quien, en nombre de Cristo, preside la comunión universal de la caridad.
Carácter Pontificio y episcopal
6.- Según la doctrina del Concilio Vaticano II, las Obras Misionales Pontificias son una institución de la Iglesia universal y de cada Iglesia particular: "Aún siendo las Obras del Papa, lo son también de todo el Episcopado y de todo el Pueblo de Dios" (Pablo VI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones de 1976; ver también los Mensajes de 1968, 1972, 1978). Las Obras Misionales Pontificias son expresión concreta de la colegialidad episcopal: "Son instrumentos privilegiados del Colegio Episcopal unido al Sucesor de Pedro y responsable con El del Pueblo de Dios, éste mismo enteramente misionero" (Carta de Pablo VI al Cardenal Renard, Arzobispo de Lyon, del 22-10-1972, en ocasión del congreso Misionero Internacional). En efecto, el mandato de anunciar el Evangelio en toda la tierra incumbe a todos los pastores colegialmente y a todas las Iglesias (LG 23-24; Christus Dominus 6; AG 29; 38).
a) Este deber, sin embargo, incumbe de manera especial al Jefe del Colegio de los Obispos, principio y símbolo de la unidad y de universalidad de la Iglesia. En virtud de Su ministerio de Pastor Supremo de todas las Iglesias, El tiene mejor que cualquier otro una visión global de las necesidades de todas y de cada una. A El incumbe recordar a los otros Pastores su responsabilidad misionera universal e invitarles a participar a un esfuerzo común entre ellos y junto con El en vista de la evangelización del mundo (Ecc. Sanctae 8). Las Obras Misionales Pontificias están a Su disposición para ayudarle a cumplir esta alta misión.
b) Dado que todo el Colegio Episcopal es responsable de la evangelización del mundo, las Obras Misionales Pontificias dependen también de los Obispos, especialmente de las Conferencias Episcopales. A nivel diocesano y nacional, las Obras Misionales Pontificias son promovidas (AG 38) por los Obispos, teniendo siempre en cuenta su carácter pontificio.
Las Obras Misionales Pontificias constituyen, pues, para cada diócesis, la institución específica y principal para la educación al espíritu misionero universal, para la comunión y la colaboración entre las Iglesias, al servicio del anuncio del Evangelio.
La corresponsabilidad de los Obispos en el gobierno de las Obras Misionales Pontificias asume diversas formas a través de la participación en su dirección, tanto a nivel central como a nivel nacional y diocesano, respetando plenamente sus estatutos.
Objetivo particular y preeminencia
7.- Actualmente la Iglesia ha tomado una conciencia más viva de su deber de colaborar a la promoción y liberación integral de los pueblos, especialmente de los, al respecto, menos favorecidos. Y así han surgido muchas iniciativas que tienen como objetivo principal más bien la ayuda para el desarrollo humano y socio económico de estos pueblos. Este es el caso, especialmente de algunas Conferencias Episcopales.
En el conjunto de la asistencia intereclesial, mientras otras organizaciones han acentuado la ayuda a prestar en el campo socio económico, las Obras Misionales Pontificias han asumido sin embargo como objetivo principal la ayuda a la evangelización propiamente dicha, sin excluir empero la ayuda en el campo caritativo, social, médico, etc. Las Obras Misionales Pontificias sostienen prioritariamente a las Iglesias más pobres, para ayudarlas a hacer frente a sus necesidades pastorales. Con su acción, las Obras Misionales Pontificias contribuyen mucho también al desarrollo integral de los pueblos. De hecho, el Evangelio es lo que constituye el fundamento primero del desarrollo y el que le da su pleno significado.
Las Obras Misionales Pontificias procuran a las Iglesias jóvenes la ayuda indispensable, salvaguardando el respeto que les es debido, y las invitan, además, a esforzarse para llegar progresivamente a la autosuficiencia.
Las Obras Misionales Pontificias tratarán de obtener una armoniosa colaboración con las diversas organizaciones de asistencia que forman parte del Consejo Pontificio "Cor Unum", así como también con otras iniciativas de ayuda de carácter más particular.
Como ya en el pasado, las Obras Misionales Pontificias favorecerán de manera particular la colaboración con los Institutos misioneros que están también al servicio de la evangelización del mundo "en nombre de la Iglesia y según la voluntad de la jerarquía" (AG 27; 29).
8.- En repetidas ocasiones, la Santa Sede ha aprobado, alentado actividades particulares de cooperación a la obra de evangelización, especialmente las emprendidas por los Institutos Misioneros, tan necesarios, preocupados de sostener a sus propios miembros espiritual y materialmente. Así mismo, no puede sino alegrarse de las numerosas iniciativas que tienen como objetivo el envío de personal y la repartición de los recursos materiales, a través de los cuales las Iglesias particulares expresan su solicitud recíproca y favorecen su comunión fraternal. Han contribuido grandemente a intensificar la sensibilidad misionera y a desarrollar la cooperación entre las Iglesias locales.
No obstante, entre todas las obras de asistencia intereclesial, las Obras Misionales Pontificias deben ocupar siempre el primer puesto por dos razones: en primer lugar, porque se dirigen a todos los bautizados, a todas las comunidades cristianas, y se preocupan de las necesidades e todas las Iglesias de misión: son, en el seno de la Iglesia, la expresión del sentido católico y de la comunión universal; en segundo lugar, porque las Obras Misionales Pontificias tienen la finalidad de cooperar al anuncio del mensaje evangélico, que es el deber prioritario de la Iglesia.
Por estas razones, cada Obispo vigilará para que las iniciativas particulares, dada su multiplicidad e importancia, no perjudiquen al esfuerzo común de sostén de la evangelización de los pueblos; si no fuera así, las Iglesias más necesitadas, que confían en la ayuda regular de las Obras Misionales Pontificias para superar las dificultades cotidianas y esenciales, serían las primeras que sufrirían las consecuencias.
Solamente un fondo central y pontificio de solidaridad puede evitar el peligro de olvidar enviar la ayuda a algunas Iglesias, especialmente a las más pobres, y de introducir una discriminación en la concesión de ayudas.
Este fondo permite también evitar posibles acuses de favoritismo, de particularismo, de dominio o de presiones nacionales. Ese fondo crea, por el contrario, entre las Iglesias una solidaridad fraternal.
Por último, la ayuda mutua será tanto más eficaz si la programa un organismo central, al corriente de las necesidades de todos, en función de una pastoral misionera planificada y ponderada.
Por otra parte, es por este motivo que las Obras Misionales Pontificias deben tener en cuenta las directivas de la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos en la repartición de los subsidios, así como también las establecidas por las Conferencias Episcopales de los llamados países de misión.
En su obra de sensibilización, las Obras Misionales Pontificias deben explicar a los fieles los motivos de la prioridad que se atribuye a la ayuda misionera de carácter universal, ayuda más desinteresada y necesariamente menos personal que una ayuda directa y particular. Gracias a esta información, los bienhechores abrirán sus horizontes a las dimensiones del mundo y tendrán participación en la "solicitud de todas las Iglesias" (2Cor 11,28).
Capítulo II
NORMAS
ARTICULO I - ORGANIZACIÓN
I.- Gobierno Central
1.- El Papa ejerce su autoridad sobre las Obras Misionales Pontificias por el cauce de la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos, a la que el Concilio Vaticano II ha confiado la dirección y coordinación de la cooperación misionera (AG 29).
2.- Aunque dependientes de la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos, las Obras Misionales Pontificias conservan su autonomía y se rigen por estatutos propios.
3.- Un Comité Supremo "vela para que cada una de las Obras Misionales Pontificias se desarrolle constante y eficazmente en su propia esfera de acción y dirime las dificultades que puedan surgir entre ellas" (Motu Proprio "Decessor Noster", 24/6/1929, Nº 5).
El Cardenal Prefecto de la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos es el Presidente de dicho Comité. El Secretario de la Sagrada Congregación es por su oficio el Vice Presidente del mismo.
Son miembros del Comité Supremo: los Secretarios Generales y un delegado de cada una de las cuatro Obras Misionales Pontificias, nombrados por la Sagrada Congregación.
El vice Secretario General de la Obra de la Propagación de la Fe asiste a las reuniones en calidad de "actuarius".
4.- a) Las Obras Misionales Pontificias de la Propagación de la Fe, de San Pedro Apóstol, de la Infancia Misionera y de la Unión Misional están dirigidas por un Consejo Superior único que reside en Roma, en la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos.
b) El Secretario de esta Congregación es el Presidente de derecho de dicho Consejo, en cuyo seno representa al Dicasterio.
c) Este Consejo Superior se compone de los siguientes miembros:
- el Presidente
- los Secretarios Generales de las cuatro Obras Misionales Pontificias
- los sub Secretarios del Consejo para los Asuntos Públicos de la Iglesia, de la Sagrada Congregación para los Obispos y de la Sagrada Congregación para las Iglesias Orientales.
- los Directores Nacionales de la Propagación de la Fe, de San Pedro Apóstol, de la Infancia Misionera y de la Unión Misional
- eventualmente, de algunos consejeros nombrados por título especial por la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos.
d) El aspecto colegial y universal del Consejo Superior está expresado por la presencia de los directores nacionales provenientes de sus respectivas Iglesias. El bien común de la misión universal debe constituir su preocupación principal. Se considerarán sobre todo como agentes de un servicio en favor de la comunión entre las Iglesias.
e) Cada una de las cuatro Obras tiene un Secretariado Internacional, dirigido por un Secretario General, nombrado por la Sagrada Congregación, previa consulta de los miembros del Consejo Superior, por un período de cinco años, su mandato puede ser renovado.
f) El Consejo Superior tendrá su asamblea ordinaria en mayo para:
- decidir sobre la repartición de los fondos recaudados por las Direcciones Nacionales.
- discutir sobre las prioridades que hay que observar en materia de concesión de subsidios
- estudiar las actividades y los métodos pastorales de las Obras Misionales Pontificias en los respectivos países: para tal fin se organizarán sesiones pastorales
- resolver los problemas de organización de las Obras Misionales Pontificias
Todos los miembros del Consejo están invitados a participar a esta Asamblea.
g) Los Secretarios Generales de la Obra de la Propagación de la Fe, de San Pedro Apóstol y de la Infancia Misionera presentarán al Consejo Superior un proyecto de repartición de los subsidios, tanto ordinarios como extraordinarios. A este mismo Consejo presentarán también un informe anual sobre los fondos recibidos y los subsidios concedidos en el curso del año presente.
h) El Consejo Superior, al fijar las normas relativas a la concesión de subsidios, se inspirará en las orientaciones generales elaboradas por la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Una repartición equitativa -a cada uno según sus propias necesidades- y eficaz, es decir concebida en función de una pastoral misionera bien meditada, presupone exacta información y el examen de las opiniones presentadas por las Conferencias Episcopales interesadas y por expertos en la materia.
i) El Consejo Superior favorecerá los contactos y la colaboración entre las Direcciones Nacionales. Algunos encuentros, a nivel internacional o regional, ofrecerán a los responsables nacionales ocasión de intercambios de puntos de vista, informaciones, experiencias; esto constituirá una fuente de enriquecimiento para todos y permitirá a cada uno revisar y renovar, si es necesario, los propios métodos de trabajo.
j) Para conseguir con mayor seguridad sus objetivos, el Consejo Superior procurará elaborar un reglamento interno propio.
II.- Direcciones Nacionales y Diocesanas
5.- a) En cada nación se constituirán un Consejo Nacional y una Dirección Nacional de las cuatro Obras, con un director nacional como responsable. Este es nombrado por la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos a propuesta de la Conferencia Episcopal local, por un período de cinco años. Su mandato es renovable normalmente sólo por otro quinquenio. El director nacional es el representante oficial de las Obras Misionales Pontificias ante la Conferencia Episcopal local.
b) El Consejo Nacional de las Obras Misionales Pontificias se compone del director nacional, de los Secretarios Nacionales de las diversas Obras y de los directores diocesanos o de los delegados de éstos, cuando el número de los directores diocesanos es demasiado elevado.
El Consejo Nacional puede estar formado también de diversa manera, siempre que estén representados en él, de manera equilibrada, miembros de los servicios nacionales y de los delegados diocesanos.
c) Cada año, el director nacional presentará al Consejo Nacional un informe financiario y moral sobre las actividades de las diversas Obras.
d) El Consejo examinará y aprobará el balance financiario: entradas y salidas, gastos de animación y de administración efectuados por la Dirección Nacional y por las Direcciones Diocesanas, según el presupuesto establecido. Fijará además el programa de actividades de las cuatro Obras, tanto en el sector de la animación como en el de la organización de las colectas.
e) Cada año, el director nacional presentará a los Secretarios Generales de las Obras un informe financiario y una relación sobre las actividades de las obras en su país.
f) Cada año presentará, además, un informe análogo a la Conferencia Episcopal, a través de la Comisión Episcopal de Misiones.
g) Los fondos recaudados por las Direcciones Nacionales para la misión universal serán puestos enteramente a disposición de los Secretariados Generales de las Obras, después de haber restado los gastos efectuados por la Dirección Nacional y por las Diocesanas. Los gastos para la animación misionera, en conformidad con los Estatutos, deben ser registrados separadamente de los efectuados para la administración.
h) El Consejo Nacional puede elaborar reglamentos más detallados para la buena organización de su trabajo y de las actividades de las Obras.
i) Dado el carácter episcopal de las Obras Misionales Pontificias, los Consejos Nacionales procurarán que sus actividades se integren en la pastoral misionera y diocesana e interdiocesana de conjunto para asegurar unidad y desarrollo armónicos. Aún conservando una identidad propias, las Obras Misionales Pontificias evitarán actuar al margen de la vida pastoral de las Diócesis y crear estructuras paralelas. Seguirán las orientaciones generales dadas por la Comisión Episcopal de Misiones (Motu proprio "Ecclesiae Sanctae", III, 9, 11, e Instrucción "Quo Aptius", A). Si existe un Consejo de Misiones Nacional, como órgano de la mencionada Comisión, las Obras Misionales Pontificias en razón de su importancia, estarán representadas en él. Este Consejo colaborará con las Obras Misionales Pontificias en la realización de las tareas de ésta y dará prioridad a sus objetivos.
j) Incumbe al Presidente de la Comisión Episcopal par las actividades misioneras o al miembro de la Conferencia Episcopal encargado de este sector, promover y patrocinar las Obras Misionales Pontificias. Para asegurar una colaboración total y eficaz entre dicha Comisión y el Consejo Nacional de las Obras Misionales Pontificias, se invita a los Obispos a asociar estrechamente el Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias a las deliberaciones e iniciativas de esta Comisión (cfr. Instrucción "Quo Aptius", A).
6.- a) En cada Diócesis, el Obispo nombrará, preferiblemente tras haber escuchado al Director Nacional, un Director diocesano de las Obras Misionales Pontificias, que sea el mismo -si es posible- para las cuatro Obras. Es oportuno que sea nombrado para un período de cinco años; su mandato es renovable. Es también deseable que este Director sea al mismo tiempo el Delegado episcopal de Misiones (Motu Proprio "Ecclesiae Sanctae" III 4). En el caso que el Ordinario nombrase un Delegado episcopal diverso, éste deberá dar su más amplia ayuda al Director diocesano en el desarrollo de su tarea.
b) El Director diocesano, asistido por sus colaboradores, está al servicio del Obispo para ayudarle a dar una abertura misionera universal a la vida pastoral diocesana.
c) Las ofrendas de los fieles, recaudadas para la misión universal, serán enviadas integralmente a la Dirección Nacional. Estas ofrendas no podrán utilizarse para otros fines particulares.
7.- En el seno del Consejo Nacional, la Dirección Nacional tiene la función de estimular la reflexión común, sugerir iniciativas a tomar, proponer orientaciones generales a seguir, coordinar y dirigir las actividades de todos.
8.- Desde su origen, los laicos jugaron un rol importante en la dirección y actividades de las Obras Misionales Pontificias. Hay que promover su participación en este campo tanto a nivel diocesano como nacional e internacional, para que se manifieste claramente que la responsabilidad de la cooperación a la misión universal es un deber que incumbe a todo el Pueblo de Dios.
ARTICULO II - LAS CUATRO OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS
I.- La Obra Misional Pontificia de la Propagación de la Fe
9.- La Obra de la Propagación de la Fe tiene como objetivos:
a) suscitar interés por la evangelización universal en todos los sectores del Pueblo de Dios: en las familias, en las comunidades de base, en las parroquias, escuelas, movimientos, asociaciones, a fin de que toda la diócesis tome conciencia de su vocación misionera universal. Para lograr este objetivo, será necesario poder disponer de una sólida organización a nivel parroquial.
b) la promoción entre las diferentes Iglesias locales, teniendo presente la evangelización del mundo, la ayuda recíproca tanto espiritual como material y el intercambio de personal apostólico.
Siendo la evangelización ante todo una acción del Espíritu Santo, es necesario dar el primer puesto a la oración y al sacrificio. La promoción de las vocaciones debe ser también una de las grandes preocupaciones de la Obra.
Exhortando a la generosidad de los cristianos del mundo entero, la Obra se propone constituir un fondo de solidaridad central que le permita elaborar un programa de asistencia destinado a ayudar de manera regular a las necesidades más esenciales de todas las llamadas Iglesias de misión. Y cuidará de informar a los cristianos sobre la vida y necesidades de estas Iglesias.
La obra quiere estrechar lazos fraternales entre las Iglesias favoreciendo el intercambio de informaciones, compartiendo los valores espirituales, los testimonios de solidaridad en tiempo de prueba y el apoyo moral a las que lo necesitan.
10.- La educación, información y sensibilización misioneras son los contenidos principales de la Obra. Considerado el carácter propio de la educación misionera de los jóvenes, la Obra dispondrá de un servicio misionero de los jóvenes.
11.- La Obra desarrolla su actividad durante todo el año, pero lo intensifica de manera especialísima durante el mes de octubre. Este debe ser considerado en todos los países como el mes de la misión universal. El penúltimo domingo, proclamado "Jornada Mundial de las Misiones", constituye el punto culminante. Esta Jornada se celebrará en todas las Iglesias locales como fiesta de la catolicidad y de la solidaridad universal. Este día, los cristianos del mundo entero tomarán conciencia de su responsabilidad común frente a la evangelización del mundo. "Los Obispos y las Conferencias Episcopales elaborarán invocaciones especiales por las misiones, que se añadirán a la oración de los fieles durante la Misa" (Motu Proprio "Ecclesiae Sanctae" III, 3)
12.- Para que el mes de octubre ofrezca a los cristianos la ocasión de dar una dimensión universal a su colaboración misionera, se invita a los Obispos a que pidan a los responsables de las obras católicas y a los fieles que renuncien a las colectas de carácter particular durante este período.
13.- Para asegurar el pleno desarrollo de la Obra, sus responsables buscarán el apoyo de numerosos colaboradores y colaboradoras, provenientes de los diversos ambientes. Y les ofrecerán la formación necesaria.
Las direcciones nacionales juzgarán , partiendo de la realidad eclesial, si es necesario, como en el pasado, organizar la Obra según el modelo de una asociación compuesta de miembros afiliados. Allí donde este modelo esté en vigor, convendría mantenerlo. Esto vale igualmente para las otras Obras Misionales Pontificias. Sin embargo, no hay que perder de vista que, por su naturaleza, las Obras reclaman la colaboración de todos. Los miembros deben ser promotores del espíritu misionero universal en su ambiente.
14.- Las direcciones nacionales cuidarán de que las cuatro Obras Misionales Pontificias desarrollen sus actividades respectivas en estrecha colaboración y en perfecta armonía.
II.- La Obra Misional Pontificia de San Pedro Apóstol
15.- Esta Obra fue fundada para sensibilizar al pueblo cristiano sobre el problema de la formación del clero local en las Iglesias misioneras. La Obra invita a colaborar en la formación de los candidatos al sacerdocio mediante una ayuda espiritual y material. Los fondos obtenidos con la fundación de becas, el plago de pensiones, las cuotas y otros donativos, han hecho posible la construcción y desarrollo de muchos seminarios diocesanos menores y mayores. De esta forma, la Obra ha contribuido en gran parte a la promoción del clero local. Esta Obra continúa desempeñando un papel muy importante.
16.- Estos últimos tiempos, la Obra de San Pedro Apóstol ha ampliado progresivamente sus objetivos al conceder una ayuda también a las casas de formación de los aspirantes de ambos sexos a la vida religiosa.
III.- La Obra Misional Pontificia de la Infancia Misionera
17.- Esta Obra es un servicio de las Iglesias particulares que trata de ayudar a los educadores a despertar progresivamente en los niños una conciencia misionera universal y a moverles a compartir la fe y los medios materiales con los niños de las regiones y de las Iglesias más desprovistas a este respecto. Desde su origen, la Obra ha contribuido al despertar de vocaciones misioneras.
18.- Las cuotas y las ofrendas de los niños de todos los países contribuyen a formar un fondo de solidaridad que tiene por fin ayudar a las obras y a las instituciones en favor de los niños más pobres.
19.- La Obra tiene una función profundamente educadora, y por tanto deberá adaptarse a los imperativos pedagógicos en sus métodos de formación misional y de llamadas a la generosidad. Al despertar la conciencia misionera de los niños, deberá adaptarse a su mentalidad, a su edad, a su ambiente y a sus posibilidades. Bien sea que se sirva de sus propios medios o de las estructuras ya existentes de la catequesis, la Obra ha de integrarse siempre en la pastoral de conjunto de la educación cristiana, dándole una apertura misionera.
20.- Teniendo en cuenta las posibilidades locales, la Obra organiza anualmente una jornada universal de los niños. Con ocasión de esta jornada, ha de orientarse la atención de los mismos hacia las necesidades espirituales y materiales de los niños de todo el mundo, animándoles a correr en su ayuda con las propias oraciones, sacrificios, ofrendas, y ayudándoles a descubrir la imagen de Jesucristo. Llamando la atención sobre las necesidades de los niños materialmente pobres, no se olvidará señalar sus riquezas en valores espirituales. Abriéndose unos a otros, los niños aprenderán a conocerse, a amarse como iguales y a enriquecerse mutuamente.
21.- La educación de los niños debe impartirse conforme a métodos adaptados; por eso, los responsables de la Obra, tanto a nivel nacional como diocesano, deben ser personas debidamente calificadas para esta función.
22.- El fijar el límite de edad de los niños o de los jóvenes a los que se dirige la Obra es decisión que compete al Consejo Nacional, con el consentimiento de la Conferencia Episcopal y de acuerdo con el servicio misionero de los jóvenes de la Obra de la Propagación de la Fe.
IV.- La Pontificia Unión Misional de los Sacerdotes, Religiosos y Religiosas
23.- La Pontificia Unión Misional es un servicio especial de la Obras Misionales Pontificias que tiene como fin la formación y la información misioneras de los sacerdotes, de los religiosos y de las religiosas, de los aspirantes al sacerdocio y a la vida religiosa, así como de otras personas empeñadas en el ministerio pastoral de la Iglesia. En resumen, la Unión se dirige a todos aquellos o aquellas que están llamados a guiar y a animar al Pueblo de Dios.
24.- Para esta información y sensibilización misioneras, la Unión ha de utilizar métodos adaptados, tanto sirviéndose de los medios propios como pidiendo la colaboración de instituciones e iniciativas ya existentes que tienen como fin la primera formación o la formación permanente de aquellos y de aquellas de quienes se habla en el número precedente. La Unión les ayudará a tomar conciencia de su responsabilidad respecto a la misión universal. De esta manera se darán cuenta del deber de concientización misionera que les incube en el seno de las comunidades de las que están encargados. La Unión les ayudará a buscar los métodos pastorales mejor adaptados en la circunstancia. Favorecerá también los intercambios fraternales, y los testimonios de solidaridad entre los obreros apostólicos al servicio de la Iglesia en los diferentes continentes.
25.- El resultado de la actividad de las otras Obras Misionales Pontificias dependerá en gran parte de la vitalidad de la Pontificia Unión Misional, puesto que se debe sobre todo a aquellos a quienes ella se dirige la existencia constante de un vivo espíritu misionero en las comunidades cristianas.
26.- Dentro de cada dirección nacional, y eventualmente también en las direcciones diocesanas, se nombrará un responsable de la Unión que posea las dotes requeridas.
27.- Los Superiores de los Institutos religiosos masculinos y femeninos, sobre todo de los Institutos misioneros, están invitados a sostener a las Obras Misionales Pontificias poniendo a disposición de éstas colaboradores celosos y competentes.
ARTICULO III - OBSERVACIONES GENERALES
28.- En caso de necesidad, el Consejo Superior de las Obras de la Propagación de la Fe, de San Pedro Apóstol, de la Infancia Misionera y de la Unión Misional pueden elaborar normas más particulares acerca de su actividad, sirviéndose para esto de la colaboración de los secretarios generales respectivos.
29.- En vista de la gran diversidad de las situaciones pastorales, de las estructuras y mentalidades existentes en las diferentes Iglesias particulares, las Obras Misionales Pontificias deberán aceptar una cierta flexibilidad en su organización y en sus métodos, a fin de adaptarse a las circunstancias locales. De acuerdo con la Conferencia Episcopal del lugar, el Consejo Nacional de las Obras Misionales Pontificias podrá proponer al Consejo Superior fórmulas mejor adaptadas a las situaciones locales.
30.- Adaptadas en sus estructuras, las Obras Misionales Pontificias deben dedicarse también a renovar sus métodos de sensibilización misionera y de organización de las colectas. En una época en la que las actividades pastorales son sometidas a una revisión profunda, las Obras Misionales Pontificias se inspirarán en las investigaciones e iniciativas en este campo. Se estudiará con particular atención el uso de los medios de comunicación social.
31.- Fundadas en épocas diferentes y teniendo cada una de ellas fundadores y fundadoras propios, las cuatro Obras Misionales Pontificias se han desarrollado en organizaciones distintas y autónomas. Ya en el pasado, la Santa Sede se preocupó de su coordinación (Motu Proprio "Decessor Noster" de Pío XI del 24/6/1929; Instrucción de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide del 14/3/1937). Por motivos diversos, pastorales y otros, se hace necesaria una unificación mayor de las Obras. Las cuatro Obras Misionales Pontificias constituirán de ahora en adelante una institución única dependiente de la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Cada Obra conserva sin embargo su identidad, persigue sus propios fines, y puede tener sus reglamentos particulares, así como su secretariado general y sus secretariados nacionales propios. Aunque en el seno de las Obras Misionales Pontificias resultarán ventajosas para el desarrollo de cada Obra esta especificidad y esta división de las actividades, es sin embargo deseable presentar las Obras Misionales Pontificias como una organización única para la cooperación misionera universal.
APENDICE
NOTA HISTORICA
1.- La Obra de la Propagación de la Fe fue fundada en Lyon, en 1822, por un grupo de laicos, con María Paulina Jaricot como figura central. La Obra, con el favor de los Papas, se difundió en las diócesis de Francia, poco después en las de los otros países de Europa y más tarde en las de América. A partir de 1928 la fueron erigiendo progresivamente las Iglesias de misión. Actualmente existe en más de 90 países. Para darle aún más envergadura y un carácter más universal, la Obra recibió un estatuto pontificio el 3 de mayo de 1922. Su sede central fue transferida de Lyon a Roma. La Obra pasó a ser de este modo el órgano oficial de la Iglesia para la cooperación misionera. El DOMUND fue instituido el 14 de abril de 1926.
2.- La Obra de la Infancia Misionera fue fundada en 1843 por Mons. De Forbin-Janson, Obispo de Nancy. Obtuvo desde el principio el apoyo de la Santa Sede. La Obra se difundió muy pronto en las diócesis de Francia, de los otros países de Europa y de América. En los últimos tiempos fue erigida en muchos países de misión. Tiene actualmente unas sesenta direcciones nacionales. Su sede central se encuentra en París. El 3 de Mayo de 1922 esta Obra recibió el título de Obra Pontificia.
3.- En Caen, Francia, en 1889, Estafanía y Juana Bigard (madre e hija) echaron los fundamentos de la Obra de San Pedro Apóstol. También esta Obra, favorecida con el apoyo de la Santa Sede, se difundió en la mayor parte de las diócesis de Europa y de América. La sede central fue transferida a Roma en 1920. El 3 de mayo de 1922, la Obra recibió el título oficial de Pontificia. Está estrechamente vinculada a la Obra de la Propagación de la Fe.
4.- La Pontificia Unión Misional (Pontificia Consociatio Missionalis) fue fundada en Italia por el Padre Pablo Manna en 1916, y desde el principio recibió la aprobación de la Santa Sede. La Unión se extendió muy rápidamente a la mayor parte de las diócesis del mundo. Existe ya en más de 50 países. El 28 de octubre de 1956 la Unión recibió el título oficial de Obra Pontificia. La Unión, creada como asociación de sacerdotes, fue ampliada a los religiosos y religiosas en 14 de julio de 1949.
|
Esta página pertenece a: |
Información Importante |
|
Tu Grupo o Comunidad, Diócesis o Congregación también puede tener aquí su página. Hacé click aquí para saber cómo |